Escritor, Poetas y Abejas
The Writer, Poets, and Bees
Un escritor, con la experiencia y los años, se transforma en experto curioso del mundo construyendo sus instrumentos, las posibilidades de su comprensión: inteligencia, información, conforman el edificio de filosas herramientas de la lectura del mundo, la suya: comprende la magia de ser EL -desde su óptica- lentamente construye su personalidad conceptual, escritural, a más de su estilo. No es únicamente la teoría la cual se desplaza en cortinajes del lenguaje del discurso en el conocimiento de la gramática o la semántica del mismo. “Saber” es acumulación de la experiencia humana, expertis, esa tlapalería de herramientas administra la delicada percepción de nuestro jardín interno y proyectan la descripción de los pétalos de nuestras flores, el jardín del cual hablan artistas y místicos: floresta, cosmos de inmensos riscos, mares, orografía, o noches obscuras de los poetas: San Juan de la Cruz(1), Santa Teresa de Ávila (2) refiriendo la tradición de mi lengua materna, el español.
Esto, llamado “memoria”, encarnación de la experiencia sensible: es experiencia la cual salva de la inmensidad de nuestro propio cosmos como laberinto, intensidad, fuerza, y su maravilloso alumbramiento para nuestro baúl del conocimiento encarnado, según el libro de Mormón, en D.C 130: 18–19:
Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección.
y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero(3).
El conocimiento obtenido de la experiencia es el único elemento de transferencia entre el tiempo, herencia y existencia más allá de la vida del individuo, la certeza, se concretiza por el testimonio: oración solicita de la confirmación de la promesa, certeza, es caricia de respuesta.
Plantearé una interface, en la tradición judaica el conocimiento de la importancia de la sangre se ritualizó protegiéndola de la banalización de su manipulación y uso. Miles de años, cinco mil años (ese es el tiempo aproximado de su calendario) han transferido el concepto de su importancia para la herencia y los eslabones familiares, lo que se conoce ahora como el concepto de herencia genética para la ciencia actual a partir del siglo XIX, los genetistas han llegado a la misma conclusión. Este aspecto biológico genético es comparativo como un saber sobre la base de una cultura religiosa y sus ritos. Y la protección de la riqueza genealógica entre generaciones desde milenios para dicha cultura religiosa, el SABER cómo conocimiento tiene translaciones unidas a otros horizontes del saber para asegurar su eficacia, genera su didáctica, su educación he impronta, y su fortalecimiento dentro de la vida colectiva y la convivencia.
Mircea Eliade(4) provoca esta reflexión cuando en su estudio sobre las religiones habla del mito(5) impulsa el concepto desplegado de este universo conocible en el “mito” como fuente sintética de este trasladarse en el tiempo de la experiencia trascendental, la reflexión para la adaptación de nuestro lenguaje al descubrimiento de su valor intrínseco, pero es su síntesis lo que nos puede proporcionar la experiencia sagrada por su concentración (Su Condición de signo, y símbolos a la vez como lenguaje, pero el misterio sagrado es su esencia por consiguiente no es un confuso mensaje y si un exacto mensaje con quien se comunica), (6) si somos sensibles focalizados en la sutileza del mundo, el testimonio del santo espíritu requiere de una conciencia delicada por llamarle de alguna forma, de una concentración del asombro y reverencia, y con ello de la actividad de la interacción cristica, lo infinito muestra su infinitud en nuestro saber, como un vinculo, y este con nuestro activa percepción consciente de su sutileza, se transforma en la condición del testimonio, en el lenguaje sencillo: lo divino tocando su nuestro mundo, Dios, el Mesías y redentor en su presencia divina cósmica e histórica, pues somos una generación favorecidos por su presencia abundante en quien lo busca atento. Quizá finita para nuestros limites he infinito para nuestra posibilidad al trasladarnos a las orillas más allá de lo liminar del mundo. En este sentido el conocimiento, en su tesitura sagrada, no es ideología o dogma, es principio activo de integración a un cosmos que nos califica al percibirlo con nuestros recursos individuales, pero exige:
4¡Moises, Moisés! Y el respondió : heme aquí.
5Y dijo: No te acerques acá, quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde tu estas tierra santa es.
6Y dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Habraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios…
14 Y respondió Dios a Moisés. “YO SOY EL QUE SOY”. Y dijo Así dirás a los hijos de Israel. YO SOY me ha enviado a vosotros(7)
Este dialogo exige despojarse de lo que crees SER, para escuchar en el asombro la infinitud, arropa, conmueve, se ESTA. Escuchar y hacer desde la realidad la comprensión de la experiencia de la FE, hacia la conciencia, a la experiencia de lo que está por sucederte: -FE y revelación- el despojarte como lo describe Simón Weil: después de haber arrancado el alma del cuerpo, después de haber atravesado la muerte para ir hacia Dios, el santo debe de alguna manera encarnarse en su propio cuerpo a fin de difundir por el mundo, por esta vida terrestre, el reflejo de la luz sobrenatural. A fin de hacer de esta vida terrestre y de este mundo una realidad: la posibilidad exige la conversión concretizada, pues hasta entonces no son más que sueños. Le corresponde así acabar la creación. El perfecto imitador de Dios primero se desencarna, y luego se encarna. (8)
Esta descripción sustentada en textos de la biblia, del Libro de Mormón y de la experiencia exquisita de Simón Weil(9) puede parecer una explicación flaca y univoca en la experiencia multiplicada infinitamente rica, poderosa y variada de docenas de hombres y mujeres viviendo la riqueza de la conversión en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El alumbramiento nos impulsa a indagar aprender aún más de la naturaleza en lo divino y de lo divino, a saber, de la existencia de Dios, privilegio en un mundo alejado de las experiencias numinosas, continuar, deslizarnos en los filos de luz observables de la inteligencia grácil, su dulzura, paz: ha beber agua viva. Nunca un saber que se otorga pasivo insustancial, acartonado y gris, en algunas lecturas de poetas de la tradición del español como Concha Urquiza(10), se desarrolla una pasión por reproducir esa comunión de infinito, en una búsqueda corporea aún:
V ( Poema A Jesús llamado el Cristo)
Quiero decir que te amo y no lo digo aunque bien siento el corazón llagado, porque para mi mal tengo probado que soy tibio amador y flaco amigo. No amarte más es culpa y es castigo, que de ansias de tu amor me has abrasado. y con solo dejarme en mi pecado extremas tu rigor para conmigo. Sólo quiero vivir para buscarte sólo temo morir antes de hallarte, sólo siento vivir cuando te llamo; y, aunque vivo ardiendo en vivo fuego, como la entera voluntad te niego no me atrevo a decirte que te amo. —14 de julio 1939.
El asombro ante una experiencia primigenia, se transforma en dialogo, en testimonio de lo sagrado en la presencia del espíritu, nos lleva a la experiencia profunda del conocimiento espiritual a diferencia del conocimiento racional el cual centrado en la experiencia del logos, se direcciona a la linealidad en veces insustancial del dato, información desprovista de la fuerza vital o del mundo del anima, del espíritu, nuestros límites, nuestro desatento existir, se contempla insípida, posiblemente emocional – si-, pero nunca con ese sello de perpetuidad en nuestra memoria, en nuestro espíritu: luz y transformación, bendición de lo posible, como un testimonio del ejercitar la percepción de lo sagrado como una atmosfera constante, la consagración del espíritu con la experiencia con otras bendiciones, horizonte del saber aviva la existencia en lo sagrado, o que nos aproxima a nuestra conciencia infinita, divina, eterna .
El cosmos de cada uno, suele ser el espacio escénico de la perla de gran precio de cada uno: dimensión perceptiva de luminosidad del conocer.
Conocí el libro de Mormón, lo leí sin comprender sus argumentos como un tejido lineal en una primer lectura, solo algunas frases sobresalían en mi impresión, con una saturación incomprensible a mi regular lectura y deducción, continuaba la tarea deshilvanada, confusa, no encontraba el hilo argumentativo, pero resonante comenzó por vincularse como un latir sobre algunas frases, en mi interior sobresalía en mi corazón, tenía la experiencia estética poética sin comprender el texto: …es el reino del Señor que se establecido sobre la tierra (11)…más adelante otro párrafo: …me puse a orar pidiéndole a Dios Todopoderoso…( después de haber visto en su introducción que la posibilidad del dialogo restablecido con los hombres (12): para mi racionalidad resultó un reto, callada mi lógica, incluso aturdida, bellamente sacudida y silenciada, fue cediendo mi inteligencia racional, la función del silencio como espacio de belleza en la percepción estética apareció, lo tenía presente como poeta, comprendí la necesaria tarea de callar mi interior, mis juicios, para escuchar un nuevo mundo, alerta leí el libro completo de Mormón, pero la impresión vivía, inédito a mi percepción, la naturaleza de lo percibido impulsó a entender sintiendo, esa experiencia sagrada a la que se refiere Teresa de Ávila: prudencia a callar!, atender la necesidad de respuestas no prejuiciadas o adquiridas por frases hechas, o juicios ajenos, o lecturas de comprensión de una historia de búsquedas y aceptación en del logos, alejándose.
Mi conciencia dulcemente adormecida en una nueva posibilidad, me estremeció, incluso atemorizo: Dios habla nuevamente con los hombres, ¡¡¡¡y lo hace conmigo . . . Eureka!!!! Acepte cultivar lo que había leído entre renglones de los místicos, callar mi dialogo interno, escuchar lo sutil, un privilegio encontrarse en estos renglones, deseo saciable en la medida de una diciplina la cual requiere más y más atención fina a su fuerza y dulzura.
Un jardín puede contener una gran espesura en el de orden de lo posible en el desborde, y una exigencia de mesura y servicio como equilibrio: cuán importante es la humildad y la virtud del servicio como hilo, nos une a la tierra, a los otros y al entorno como percepción tangible, y nos hace retornar constantemente a observar el mundo desde una nueva luz, pero nos aterriza a los horizontes de la vida, la familia, los otros, el mundo etc.
La lectura encontró explicación argumentativa esa primera lectura la cual termine en el gusto de encontrarme con el libro de Jaret, Dios hablaba, mostraba su dedo, y ellos navegaron con la luz de las piedras las cuales fueron tocadas por su dedo, recogieron entre otros animales: abejas, muchas abejas.
Entonces comprendamos la exploración de la escritura en la experiencia de lo numinoso, el dialogo con la belleza ejecutada por el espíritu y construyamos instantes infinitos. Flechazos del privilegio de sentirle, amarle, saberle cercano, absolutamente cercano.
El sabor de la miel se inscribe en la piel quienes miran tu dedo sobre el eterno bucle del tiempo revisten el mundo de tu piel azúcar pulen brillo en la pupila todo, todo, de ti sobre el tiempo: en un serrar de parpados de miel.
Notas a pie de pagina
San Juan de la Cruz. Poeta místico nacido en España se cree que nació en 1542 en Fontiveros España, y muere en 1591 Ubeda España.
Santa Teresa de Jesús. Mística 1515 en Ávila España y muere 4 de octubre 1582.
“Libro de Mormon”. D.C.13: 18-19. p. 308.
Mercie Eliade. Nace en Bucares 13 de marzo 1907/ Muere en Chicago E.U 22 abril 1986. Filosofo especialista en la historia de las religiones.
Mercie Eliade . Iniciaciones Místicas. Ed. Taurus. España 1975.
Pierre Guiraud, refiere esa conclusión en su capítulo: La evolución del sentido. “La semántica” Pierre Guiraud. FCE.1976.
Biblia. Reina Valera. 2009. Genesis. 3:4-6/ 14. p. 96.
La fuente griega. Simone Weil. Ed. Jus. México. 1990. p96
Simon Weil. 3 de febrero 1909 Francia/ 24 de agosto Reino Unido. Filosofa de origen francés.
Concha Urquiza. Michoacan México 1910/ Baja California 1945. Poeta.
Libro de Mormon. p. VI
Libro de Mormon. p. IX.
The Writer, Poets, and Bees
A writer, with experience and the passing of years, becomes a curious expert of the world, building the instruments and possibilities of his understanding: intelligence and information form the structure of sharp tools for reading the world—his own world. He understands the magic of being “I”—from his perspective—and slowly constructs his conceptual and literary personality, along with his style.
It is not merely theory that moves through the curtains of discourse, through grammatical or semantic knowledge. “Knowing” is the accumulation of human experience and expertise—a toolbox of instruments that manages the delicate perception of our inner garden and projects the description of the petals of our flowers: the garden spoken of by artists and mystics, a forest, a cosmos of immense cliffs, seas, landscapes, or the dark nights of poets such as Saint John of the Cross and Saint Teresa of Ávila, referring to the tradition of my mother tongue, Spanish.
This, called “memory,” is the embodiment of sensory experience. It is experience that saves us from the immensity of our own cosmos as labyrinth, intensity, and force, and from its marvelous illumination for our chest of embodied knowledge. According to the Book of Mormon, Doctrine and Covenants 130:18–19:
Whatever principle of intelligence we attain in this life will rise with us in the resurrection.
And if a person gains more knowledge and intelligence in this life through diligence and obedience, to that extent he will have advantage in the world to come.
Knowledge obtained through experience is the only element that transfers across time, inheritance, and existence beyond individual life. Certainty is made concrete through testimony: prayer seeks confirmation of the promise, and certainty is the caress of the answer.
I propose an interface: In the Judaic tradition, knowledge of the importance of blood was ritualized, protecting it from trivial manipulation. For thousands of years—about five thousand, according to their calendar—the concept of its importance for inheritance and family bonds was transmitted. What science now calls genetic inheritance, discovered in the nineteenth century, reached the same conclusion. This biological-genetic aspect parallels knowledge based on religious culture and ritual. For millennia, such traditions protected genealogical wealth between generations. “Knowing,” as knowledge, translates across horizons to ensure effectiveness, generating pedagogy, education, imprint, and strengthening collective life and coexistence.
Mircea Eliade provokes this reflection when, in his studies of religion, he speaks of myth as a synthetic source through which transcendental experience travels through time. Myth adapts language to discover intrinsic value through synthesis. It provides sacred experience through concentration: sign and symbol as language, yet mystery is its essence. It is not a confused message, but a precise one.
If we are sensitive to the subtlety of the world, the testimony of the Holy Spirit requires delicate awareness, focused wonder and reverence, and Christ-centered interaction. Infinity reveals itself within our knowledge as a bond with conscious perception. This becomes the condition of testimony: the divine touching our world—God, Messiah, and Redeemer in cosmic and historical presence. We are a favored generation when we seek attentively.
In this sense, sacred knowledge is not ideology or dogma. It is an active principle of integration into a cosmos perceived through individual resources, yet it demands:
“Moses, Moses!”
“Here I am.”
“Do not come closer. Remove your sandals, for the place where you stand is holy ground.”
“I am the God of your father, the God of Abraham, Isaac, and Jacob.”
“I AM THAT I AM.”
This dialogue requires stripping away what you think you are in order to listen in wonder to infinity. Faith and revelation arise through listening and acting from lived reality.
Simone Weil describes it: after tearing the soul from the body and passing through death toward God, the saint must re-incarnate in order to radiate divine light in the world. Conversion must become concrete; otherwise, it remains only a dream. The perfect imitator of God first disembodies, then incarnates.
This explanation, grounded in scripture, the Book of Mormon, and Simone Weil’s experience, may seem insufficient compared to the rich, varied lives of converts in the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. Enlightenment urges deeper inquiry into divine nature and God’s existence in a world distant from numinous experience.
True knowledge is never passive, gray, or lifeless. In poets like Concha Urquiza, passion seeks communion with infinity.
To Jesus Called Christ
I want to say that I love You and I do not say it, though my wounded heart feels it well, for I have proven, to my sorrow, that I am a lukewarm lover and a weak friend. Not loving you more is guilt and punishment, For with longing for your love you have burned me And by merely leaving me in my sin You intensify your rigor toward me. I only want to live to seek you I only fear dying before finding you I only feel alive when I call you; And although I live burning in living fire, Since I deny you my entire will I do not dare to tell you that I love you. —July 14, 1939
Wonder before primordial experience becomes dialogue and testimony. Spiritual knowledge differs from rational knowledge centered on data and linear logic. Without spiritual vitality, information lacks permanence. Sacred perception becomes atmosphere, consecration, and blessing.
Each person’s cosmos becomes the stage for the “pearl of great price”: luminous knowledge.
I encountered the Book of Mormon and read it without understanding its linear arguments. Certain phrases resonated mysteriously in my heart. I prayed. My logic fell silent. Silence became beauty. I learned to quiet judgment and listen. I read attentively, sensing sacred meaning.
My consciousness awakened: God speaks again with humanity—and with me. I cultivated silence and subtle listening. It required discipline.
A garden may overflow with abundance yet demands humility and service as balance. Service binds us to earth, others, and life.
Later I understood through the story of Jared’s brother: God showed His finger; stones were illuminated; they carried bees. Divine light guided them.
Thus, we explore scripture through numinous experience. We build infinite moments—arrows of grace—feeling God near.
The taste of honey is inscribed on the skin Those who see Your finger upon the eternal loop of time clothe the world with Your skin Sugar polishes brightness in the pupil All of You upon time in a blink of honeyed eyelids.





